La literatura cuántica de Juan Pedro Aparicio
El díptico que componen el reciente El juego del diábolo (Páginas de Espuma) y su predecesor La mitad del diablo es quizá el mayor y más ambicioso de los empeños de las últimas temporadas en lo que a “materia microficticia” se refiere (pienso también esos Cuentos del jíbaro que Juan Gracia Armendáriz fue emaileando semanalmente, recogidos ahora por la editorial Demipage), empeños que por la propia definición del género suelen significar, tanto en cantidad como en repercusión, poco y breve. Aparicio ha querido -nada menos- que devolverle al Maligno, de un bofetón y en dos libros, la mitad del número fatídico que se le viene asignando, 666. Es decir, tres centenares generosos de microcuentos, que además aspiran a su propia denominación: literatura cuántica.
Ordenados de menor a mayor, como si el libro fuera a reventar de un momento a otro, la narrativa subatómica de Aparicio juguetea en este libro con las mismas armas que utiliza el diablo: la ironía a veces sangrante y la trampa de las apariencias donde el lector acabará cayendo, lo quiera o no. Incluso, en ocasiones, es al propio Satanás a quien podemos ver, con su sonrisa sardónica, camuflado desde alguno de sus cuentos, como ocurre con la pitonisa del cuento ‘Felicidad’, capaz en una sola línea de aguarnos el desayuno: “-Serás feliz, pero nunca lo sabrás -dijo la vidente”.
Porque lo que no le falta a Aparicio ni a sus cuentos es la dosis justa de mala leche (con alguna que otra patada a los ambientes literarios, como en “Rivalidad” o en “Nada”), de sarcasmo con algunas convenciones (”El público”, “El Único”) y de humor ácido (”El orto mudno”). Lo necesario, al fin y al cabo, para adentrarse con éxito en esa zona oscura por la que transita esta colección de cuentos, por esas habitaciones con poca luz de los relatos hiperbreves.



