Hace unas semanas, uno de los miembros del interesante artefacto literario conocido como Wu Ming (aka Luther Blissett, aka WM1+WM2+W3+WM4+WM5), los autores “anónimos” de novelas colectivas como Q, 54 o Manituana (aún no disponible en español), publicó un breve ensayo ensalzando una suerte de nueva corriente, de literatura hecha y por venir: la nueva épica italiana.
El autor de la conferencia no fue el colectivo al completo, sino uno de ellos Wu Ming 1 (autor entre otras de la novela New Things), y en el dispara a bocajarro una serie de nombres y títulos, una serie de conceptos y unas cuantas “quejas” bastante interesantes. En el diario Público escribí la columna que transcribo un poco debajo donde no puedo sino hacer una “pequeña crítica”, pero que no pretende restar ningún mérito a lo realizado por estos cinco escritores hasta ahora.
Es más, con la polémica que (a escala literaria, claro, es decir, casi nada) se ha levantado en Italia, no es mal momento para acercarse o profundizar en la obra e ideología de Wu Ming. Sin prejuicios, please, es un consejo.
En la columna de la derecha figura el enlace con su web, y dejo aquí el enlace directo a la descarga de todos sus libros, publicados al mismo tiempo en importantes editoriales iy bajo licencia creative commons. Ellos lo permiten y ellos lo quieren. Porque la mejor manera de conocerlos es leyéndolos.
Épica sin héroes
Hasta ahora en la batalla por la libertad, dentro de esa revolución sin rostro que se propuso como objetivo, el colectivo Wu Ming Foundation iba salvando cada una de las críticas que se abalanzaban a degüello sobre ellos. Lo lograban justificándose con los resultados y con la coherencia de sus acciones.
Si en Italia se reforzaba una ley de derechos de autor (2002) que limitaba la reproducción incluso en las bibliotecas, ellos tomaban la bandera del copyleft y animaban a fotocopiar sus obras sin piedad alguna para favorecer la difusión de la lectura. Si eran los editores quienes ponían el grito en el cielo, los Wu Ming hablaban sin tapujos e incluso emitían un “informe de ventas anual” que llaman Operación Glasnost. Y los datos no permiten seguir la discusión: cuando la tirada media de un libro en Italia es de 4.500 ejemplares, su última novela colectiva -Manituana (Einaudi)- en los diez primeros meses ya había superado los cincuenta mil. Sorprende aún más cuando todas sus obras se pueden descargar gratis de la web.
Hay una contienda, sin embargo, que parecen no tener aún bajo control y quizá sea esta la que haya motivado la última de sus acciones. Ni la crítica, ni la academia o la universidad se muestran aún de su lado. En el suplemento Tuttolibri de La Stampa, el crítico Luciano Genta, pese a verse ya obligado a hablar de Wu Ming, sobre su último libro apenas si dijo que resonaban los ecos de un serial de principios del XX. Así que, descontentos con la situación o con ánimo de corregir a críticos, el más reciente de sus artefactos es una nueva catalogación de la literatura que hay que seguir, leer y hacer. Y cabe preguntarse, ¿no es esta actitud idéntica a la que sostienen los que rechazan su trabajo? Con ellos como referente, centro y guía, ¿no se convierten así también en profesores y reseñistas, esas mismas actitudes con las que querían acabar? Un memorando que da los nombres claves, las obras escogidas, las que valen. ¿No se trataba de hacer desaparecer la figura del autor? Querían lograr una suerte de épica sin héroes. Y no iban mal…


