Carta de amor a mis suscriptores

9 de Julio de 2009

Mira que os lo dije: “Esto no es un blog…”

Y vosotros, ni caso. “Esto no es un blog, chicos”, dije, e incluso lo intenté explicar: “Si acaso, un almacén, un cuarto donde ir arrojando las reseñas”.

Pero nada. Como si no hubiera dicho nada, corréis al botoncito naranja de los feeds, el dichoso rss que delata que estoy podría ser un blog y os apuntáis, os suscribís como quien se suscribe a una revista o a la colección de casas de muñecas que venden en el quiosco. Y yo: “Bueno, gracias. Gracias por la atención, pero, oye, que esto no es… quiero decir, que aquí sólo… que de vez en cuando…”

Así que me callé. Cómo quitaros la ilusión, a vosotros que hicisteis un click de más. Cómo deciros que nunca estuvo entre mis planes subir a este trastero cada semana, que no tenía la intención de arrojar mis (a veces desafortunados) comentarios cada semana, sino que también tenía algo de encanto apilarlos en el salón. Como así fue.

Y cómo explicaros ahora el motivo por el que subo los bártulos ahora, todos de golpe. Los desvencijos de estos dos meses, ahora sí, colgados aquí, apilados, quería decir. No hay tal motivo. “Esto no es un blog, muchachos”. Pero vosotros, ahí, esperando. (Y por esperando quiero decir ahí parados, al otro lado del botón naranja de los feeds.)

¿Quién echa de menos un trastero, un desván, un almacén? Ni yo me acordaba de él mientras apilaba trastos en otros sitios. El único problema es que os habéis metido dentro, donde yo pongo las cajas, y ahora os llegan todas, así, de golpe. Sin avisar, cajas y cajas, libros y libros, con lo que pesan, y yo me siento mal. ¿Qué demonios habéis echo ahí dentro este tiempo? Y yo con culpa. ¿Esperando? Y yo con miedo. ¿A qué? Y todo esto lo digo con las cajas en la mano. No sólo os lleno ahora ahora esto de despojos, así todos a un tiempo y sin avisar, sino que además a alguno (thank you, mummy) os veo sonreir cuando estos llegan.

¿Qué puedo decir?

¿Un “lo siento”? (¿Por no subir las cosas al trastero?) ¿Un “gracias por estar aún ahí”? (¿Cuando sabemos que cuesta más borrar la suscripción que ignorarla?) ¿Un “prometo no volver a hacerlo”? (Conociéndome como me conozco…)

“Esto no es un blog, amigos.”

Pero sin vosotros, desde luego, sería otra cosa peor. El próximo café os lo pago yo.

2 comentario
¿Quieres añadir algo? »

  1. ¿Blog? Esto es un sencillo café de mesas sucias (garabateadas, vivas, que guardan el zumbido del mundo como mazacotes de ámbar) al que nos gusta regresar.

  2. Este viejo sabe que existimos algunos que no entramos a los cafés por una mezcolanza de timidez y altanería, pero nos ve asomar por esa cerradura en forma de totem minimalista (que él nunca cambiaría por una cerradura moderna de las que no dejan lugar a los secretos de mirón de llave hueca y latón) y acepta nuestra presencia con ese gesto unico de encender un cigarrillo tras otro.
    Nunca nadie me había escrito una carta de amor. Salvo la chica de catorce años que vencida por sus miedos consiguió sustraerla, antes de que puediera leerla, del bolsillo donde ella misma me la había ocultado.
    Ahora a ambos, amorosos escribas, me los encuentro de vez en cuando coincidentemente cargados de libros para otros.
    Amores preciosos para toda la vida.
    Trasteros preciosos para toda una memoria.

Deja tu comentario