Cinco años después de su muerte, todo el mundo sigue hablando de Bolaño. Incluso los periódicos. Roberto Bolaño es un terreno donde se impone el interés o la necesidad de cualquier información inédita sobre el escritor chileno. Los más jóvenes siguen hablando de él como su mayor influencia. Los estudiosos tienen aún un campo abierto a la investigación de una obra que se sabe trascendente e importante. Incluso sus detractores, que los tiene, lanzan todavía algún que otro ataque a sus libros o a su figura.
Ésta siempre fue mucho más polémica, rasgo al que el propio escritor contribuyó con sus opiniones contundentes, que a unos herían y a otros despertaban una sonrisa. «Yo no sé qué pensaría Roberto de la forma y de los contornos que está adoptando su posteridad», afirma el escritor Rodrigo Fresán, «pero me parece que el grueso o la mayoría porcentual de la gente que admira a Bolaño, lo admira por lo que escribió».
Un maremoto
La publicación póstuma de la novela 2666 y, unos años después, de su poesía reunida en La Universidad desconocida, hacía evidente que la importancia de Bolaño estaba por crecer todavía más.
Este año ha sido el de su coronación en Estados Unidos como uno de los fenómenos más importantes. New York Times y Washington Post, entre otros, no han dudado lo más mínimo a la hora de situar The Savage Detectives como una de los libros claves del año, y a su autor como un nuevo beatnik latinoamericano digno de descubrir.
Así, poco a poco se van traduciendo sus novelas e, incluso, la editorial New Directions ha preparado una antología con sus cuentos más autobiográficos, Last Evenings on Earth. «Es previsible que el acelerado proceso de canonización del que Bolaño ha sido objeto produzca una fuerte resaca», dice el crítico Ignacio Echevarría, que fue amigo y también albacea literario del chileno, «que la obra de Bolaño sabrá resistir, sin duda, como resiste ahora el confuso y poderoso oleaje de su propio mito».
También en nuestro país sigue activo el maremoto Bolaño como viene a demostrar una última publicación, de más de 500 páginas, que lleva por título Bolaño salvaje (Candaya).
Desde todos los ángulos
Preparada por escritores y críticos Edmundo Paz Soldán y Gustavo Faverón, el tomo trata de ser un auténtico prisma desde el que observar a Bolaño en todo su esplendor. Bolaño salvaje ha reunido un amplio número de textos que hablaban de Bolaño y que permanecían dispersos en revistas o similares, y un buen puñado de trabajos rigurosamente inéditos que cubren las diferentes facetas que hay de interés en el autor de Nocturno de Chile. Textos académicos, como los de Chris Andrews (uno de sus traductores al inglés) o de Cecilia Mazoni (la más temprana de las estudiosas de su obra), demuestran el interés universitario por «lo bolañesco».
Personal
Pero para que sea accesible a todo el público interesado, estos se mezclan a la perfección con testimonios más personales, como las lecturas primeras de Fernando Iwasaki y su entusiasmo con Llamadas telefónicas y Monsieur Pain, o el de Jorge Volpi sobre la influencia «vírica» que Bolaño ha causado en las generaciones siguientes. Y, por supuesto, las palabras de sus cómplices más cercanos, como Fresán, Juan Villoro o Enrique Vila-Matas. «Nunca están de más los acercamientos a un escritor, por insistentes que sean», declara Echevarría para Público al pedirle su opinión sobre este tipo de libros. «Tanto menos si se trata de un escritor de la talla de Bolaño.»
A esta importante edición para bolañistas acérrimos le acompaña un buen regalo. El director Erik Haasnoot ha preparado un documental titulado “Bolaño cercano”, que se incluye en formato dvd. En él, las declaraciones de Carolina López, viuda del escritor, y las intervenciones de sus hijos, se suman a las de los citados Fresán, Vila-Matas, Villoro o A. G. Porta, para acercar al espectador un poco más a la intimidad de Bolaño. Su biblioteca y algunos de los papeles que el chileno dejó inéditos se mezclan con poemas recitados y detalles de su vida. Como afirma Paz Soldán en su introducción a este trabajo: «El escritor ya no está, quedan la obra y la leyenda. Queda la literatura y el apocalipsis». Es decir, cincuenta minutos y quinientas páginas de Bolaño sin Bolaño.
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