‘Submáquina’, de Esther García Llovet

1 de marzo de 2009

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Cuentos

Editorial Salto de Página

Páginas 160 Precio 15,95€

Si fuera cierto que en España se está viviendo un auge (o un despertar editorial) de la narrativa breve, el nombre de Salto de Página habría que empezar a tenerlo en cuenta tras la publicación del último libro de García Llovet.

En síntesis

Enumerar los seis títulos compilados en este libro es la mejor manera de resumirlo, despertando los prejuicios más acertados del lector: “Cargador”, “Resorte”, “Seguro”, Recámara”, “Gatillo” y “Cañón”. Si a los títulos se les suman algunos encargos a ex-policías, taxistas que follan con menores mentirosas, póker, viajes, divorcios y, sobre todo, el retrato esquivo y desencajado de Tiffani Figueroa, ya tenemos el meollo de este estupendo libro.

La cita

“Ver la frontera es como ver la última noche sobre la Tierra. Cambias.”

La autora

El de Esther García Llovet (Málaga, 1963) es uno de esos casos típicos que no tiene prisa por entregar sus libros, una autora que deja pasar entre el primero y el segundo cinco fructíferos años. Es así como surge una buena entrega de cuentos deslumbrantes, con temáticas muy particulares. De hecho, su anterior libro, Coda (Lengua de Trapo, 2003), tuvo el discreto reconocimiento de ser finalista del premio Casa de América pero la enorme recompensa de haber generado un buen puñado de lectores fieles, que ahora volverán a encontrarse con ella

Secretos a punto de estallar

El adjetivo “fronterizo” es perfecto para este nuevo libro de García Llovet, o al menos no desentonaría en absoluto, y no sólo porque cierta frontera física sirva de ambientación a alguno de sus relatos. Fronteriza es también la concepción que su autora parece tener de un libro de cuentos, y fronteriza además -saltando constantemente a un lado y otro del límite- la capacidad para aunar elementos temáticos muy diversos y propuestas poco frecuentes en su emparejamiento.

Los ojos del lector, desde luego, no van a poder detenerse sólo en unas tramas que apuntan trepidantes, cargadas de acción, y un punto pulp. Porque cuando esté a punto de hacerlo, los huecos, las insinuaciones perfectas y las elipsis calculadas van a hacer su aparición y desvelar lo que se sospecha desde las primeras páginas: que éste va a ser un libro cargado de secretos a punto de estallar. Sólo se puede zanjar la cuestión afirmando que ni este libro ni su propuesta va a poder encasillarse, gracias a la capacidad de la autora para ir deslizando la mirada de un sitio a otro, centrándola ahora en una Smith & Wesson, ahora en un recuerdo adolescente, primero en el ánimo de vengaza para después hacerlo en la contemplación impasible de cierto tipo de fracaso vital, sólo se puede zanjar la cuestión afirmando que ni este libro ni su propuesta va a poder encasillarse, definirse de una única manera.

Leer Submáquina es como uno imagina que puediera ser tener a John Cheever y Quentin Tarantino juntos en una misma fiesta. (Bolaño también estaba, creo.) Un enorme libro de cuentos: sin complejos, sin límites preestablecidos.

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[Actualización: 17.03.09]

Me encanta que en Llegir en cas d’incendi, Salva G. hable de “la nueva novela de Esther García Llovet” porque, aunque haya quien no lo piense, eso lo enriquece mucho más. Y también que él y Pepe Cervera, en su estupendo El tacto de un billete falso, confíen en nuevas aventuras de Tifa/ni.

Preferiría, en confianza, que eso no ocurriera, sorry.

1 comentario
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  1. [...] Paul Viejo reseña Submáquina, de Esther García Llovet, en Público. La reseña puede leerse también en su blog. [...]