[001]
Lo ha dicho Danielle, no yo: “Por fin me siento en Nueva York; sĂłlo he tardado cuatro años”.
[002]
Lo que menos me importa es si en Manhattan hay una larga tradiciĂłn de criquet o si existe un campo centenario que los equipos locales deben alternar con los de baseball. No pienso jugar, no pienso practicar ningĂşn deporte. Lo que de verdad me importa es que Rachel tenga miedo de vivir en esta ciudad despuĂ©s de los atentados, y que se sienta más segura si vuelve a Londres. Es lo que me importa y lo que de verdad me preocupa. Quizá, tambiĂ©n, que me haya dejado solo aquĂ.
[003]
Hay otras cosas a quĂ© temer en una ciudad a la que no perteneces, le hubiera dicho a Rachel. Y a Hans. A no entender el idioma en el que se habla, por ejemplo. A no poder hablar, por ejemplo. A no querer hablar. Ellos, que son holandeses, al menos ya sabĂan inglĂ©s.
[004]
“Goed zo, Hans!, Goed zo, jongen!”
[005]
No tardé mucho en llegar a Madison. Madison, N.Y., por allà pasa la ruta 20. Por si se pierden: 42.90056°N 75.515°W
[006]
Es tremendo porque, en poco tiempo, han muerto varios jĂłvenes allĂ, en Madison o Dryden o como se llame. “‘Cuatro muertes jĂłvenes en tan poco tiempo, eso tiene que significar algo’. SĂ, significa cuatro muertes jĂłvenes en poco tiempo”. Es impresionante cĂłmo se mete este tipo en la cabeza de toda esa gente, incluso en la cabeza de la gente muerta. Amanda era una cheerleader, una animadora, una porrista. Ruth tambiĂ©n, una cheerleader, una animadora, una porrista. Y Hannah, y yo a las tres le pongo -no podĂa ser de otra forma- la cara de Claire Bennet, porque he escuchado sus voces, sĂ© lo que pensaban, pero no he visto sus caras. Se puede tener miedo de muchas cosas en una ciudad: se puede tener miedo de la muerte o de no poder hablar.
[007]
Daniel dice o se dice: “Esa noche no dormĂ bien. JuguĂ© al billar y al pĂłquer en la red. Quise leer los cuentos de Lovecraft, pero no pasĂ© de las primeras diez páginas de ‘El horror de Dunwich’. En la televisiĂłn pasaban Battlestar Galactica; ya habĂa visto ese episodio. Number Six se le aparece en la cama a Gaius Baltar, y Gaius, como siempre, duda: Âżes un sueño, es real? ÂżImporta? PensĂ© en el pobre Steven si no encontrábamos a Hannah: Âżse convertirĂa ella en su Number Six, una imagen cuya fuerza emocional es tan contundente que su presencia termina siendo más real que la de las personas a su alrededor”
[008]
Es importante que las novelas actuales hablen de Battlestar Galactica. Y que hablen de Star Trek.
[009]
Yo lleguĂ© a Shakespeare gracias a Star Trek. LleguĂ© gracias a Star Trek tambiĂ©n a Chandler, o a Hammet. Y a Sherlock Holmes. Patrick Steward en la Royal Shakespeare Company y despuĂ©s la holocubierta. Una sala de hologramas podrĂa ser capaz de representar toda la literatura posible, toda la que no hemos leĂdo. Toda la literatura que no tendremos tiempo de leer.
[010]
Estos dĂas, mientras viajo por la ruta 20 y traduzco a Maria Messina, estoy viendo Voyager en italiano. Leo subtĂtulos. Leo.
[011]
Creo que por eso he vuelto a Hyperion, como diez años despuĂ©s. Porque allĂ, en ese planeta regido por el AlcaudĂłn, conocĂ a Keats y a Hölderlin. ÂżQuĂ© otra cosa puede ocurrir cuando a unos cuantos peregrinos nos meten en una nave espacial? ÂżNos meten? Contar un cuento no es nunca algo obligado, nadie deberĂa verse forzado a contar un cuento. Ni obligarse a sĂ mismo a escribirlo. “Articulo palabras que nadie oye. DĂa 95: Los terrores de la semana se han aplacado y se vuelve un lugar comĂşn tras varios dĂas de crispaciĂłn”. No lo he dicho yo, ha sido Hoyt, claro.
[012]
A ti, Brawne Lamia, la sexta peregrina, la única mujer, te pondré también la cara de Ruth, la cheerleader, la animadora, la porrista.
Esto es lo que puede ocurrir cuando a unos cuantos peregrinos… : “Hasta por caridad cristiana -exclamĂł nuestro anfitriĂłn-. Me estás cansando con este parloteo. Tomo a Dios por testigo para asegurar que me duelen los oĂdos de escuchar las sandeces que pronuncias. ¡Que el diablo se lleve estos cuentos! A esto es a lo que yo llamo aleluyas o canciones de ciego.”
[013]
Que se llega, inevitablemente, a Canterbury. 51°16′30″N
Huyendo de los recuerdos, como de la peste.
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Netherland, Joseph O’Neill. El Aleph Editores, 2009.
Los vivos y los muertos, Edmundo Paz Soldán. Alfaguara, 2009.
Hyperion, Dan Simmons. Trad. de Carlos Gardini. Ediciones B, 1989
Cuentos de Canterbury, Geoffrey Chaucer. Ed. de Pedro Guardia Massó. Cátedra, 1997.
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diablo esa tipa me guta pilaaaaaaaaaaaa toy enamorado di ti