Cuentos
Editorial Lengua de Trapo
Páginas 192 Precio 18,20€
El VII Premio de Narrativa Caja Madrid ha recaÃdo en la ópera prima de Nuria Labari, un libro de cuentos que se encarga de hacer un recorrido por gran parte de los traumas generacionales que le corresponden.
En sÃntesis
Juntar en un mismo libro la violencia interior de un chico atrapado entre unos padres divorciados, la frustración de quien tiene cuatro abortos, o la de quien recurre al sexo casual para evadirse de la realidad, sólo puede dar como resultado un libro duro y áspero. Pese a ello a estos trece cuentos no les falta emotividad, aunque hablen de rupturas, de los estragos causados por el alcohol, o de complejos personales. Una buena mezcla, hilada por el sabor amargo que los une.
Cita
“La realidad es que él acaba de irse y yo me he quedado detrás de la puerta con una camiseta de algodón blanca. En bragas.”
La autora
Nuria Labari (Santander, 1979) ha desempeñado su carrera periodÃstica en medios como El Mundo o telecinco.es, del que es redactora jefe en la actualidad. Esta tarea la ha compatibilizado con la de profesora de creación literaria en la Escuela Contemporánea de Humanidades. Los borrachos de mi vida es su primer libro y por él ha recibido el Caja Madrid del 2009, un premio siempre a la caza de nuevas voces, y que en la modalidad de ensayo ha recaÃdo en Silvia Herreros de Tejada por Todos crecen menos Peter.
Catálogo de daños y fracasos
Con este debut Nuria Labari se ha ganado, entre otras cosas, el derecho a ser aceptada en esa hipotética banda que bien podrÃa llamarse la de “las buenas chicas malas”, entre cuyos miembros destacados están sin duda Elvira Navarro (La ciudad en invierno) o Eider RodrÃguez (Carne), y que, sin que eso las limite, podrÃa situarlas sin problema como unas Moore, Homes o Salway de aquà y ahora. Nacidas en el 78 o 79, estas escritoras se están dedicando, sin ningún ánimo de provocación explÃcita, a enumerar uno a uno los traumas de nuestra época, a desvelar las perversiones cotidianas y, sobre todo, a señalar las cicatrices que su generación tiene en el cuerpo. Están hablando de una realidad que duele, pero sin querer hacer daño. Y más que hablarán.
En el caso de Labari es evidente el ánimo de configurar una suerte catálogo con estas situaciones, atendiendo por encima de todo a los fracasos, hasta el punto de que alguno de sus cuentos es un listado en toda regla: de personas, de cosas y hasta de secretos. Un álbum de derrotas que la autora ha ido formando con todo lo que es fácil ver alrededor, como puesto ahà para que nadie lo olvide, pero con el acierto de no entrar a juzgarlos. Como si los abusos, las pérdidas y las putadas fueran algo que nos atañe a todos, pero de lo que cualquiera puede también ser culpable.
Un delicioso libro cruel, perturbador y, sobre todo, desconsolador, porque no cuenta otra cosa que nuestros propios errores.

Me han hablado maravillas de este libro. Tengo ganas de leerlo.